Maneras de escribir: Hacer la calle como Joan Colom

El método del fotógrafo Joan Colom no es válido sólo para la fotografía. Ahora que se le dedica una gran exposición monográfica en Barcelona es el momento de recuperar sus ideas sobre su trabajo. Descubrirás que también sirven para la escritura.

Por Damian Entwistle [CC-BY-NC 2.0]

Quizá sea por que tienes que llamar a un timbre y entrar en la escalera de un edificio de viviendas pero la cuestión es que en Foto Colectania te sientes un poco como en casa. Allí, en la que sin duda es la más acogedora residencia de la fotografía en Barcelona, tuve la oportunidad de oír hablar a Joan Colom sobre su oficio, el de fotógrafo, hará unos tres años.

Ahora, tras ver el trabajo del barcelonés expuesto en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, mientras merodeaba por Montjuïc, he vuelto a pensar que su manera de hacer fotografía puede llevarse al terreno de la escritura.

Lo principal es salir a la calle, acción que da título a la muestra del museo (“Yo hago la calle”) y que debería, ni que sea en forma figurada, ser el lema de todo aquel que quiera encontrar algo que mostrar o que decir.

Eso es lo que hizo un autodidacta Colom, que saltó a las callejuelas del entonces llamado barrio Chino en 1958, apenas un año después de ingresar en la Agrupació Fotogràfica de Catalunya, para hacer incontables instantáneas de una Barcelona que ya no existe, aunque a veces se vislumbra en la calle Sant Ramón.

Su cámara atrapó a putas, chulos, puteros, chaperos o mirones en actitudes irreverentes y provocativas. El fotógrafo explicaba así su fascinación por esas gentes:

«Siempre he estado influido por el factor humano, por las actitudes singulares»

Diríamos que saber observar y fijarse en los detalles, en lo que sale de lo común, en especial en el comportamiento humano, hace grande a un fotógrafo, pero también al escritor o a cualquier creativo.

A la manera de un antropólogo que quiere influir lo menos posible en el colectivo observado, Joan Colom hacía las fotos en secreto, sin mirar por el visor y con la cámara colocada a la altura de las rodillas. Es bueno tener un punto de vista definido.

También lo es tener claro el ámbito en que va a trabajarse e insistir en él. El fotógrafo perseveró en el cometido de retratar el barrio del Raval, al que acudió fielmente todos los fines de semana durante décadas.

«Quedé maravillado por esa escenografía del Raval y no me quise mover de allí en años»

Así lo admitía Colom ante un grupo de periodistas en Foto Colectania mientras yo me lo imaginaba trabajando en la calle como un mirón más de los que él fotografió. En algún momento debería llegar la hora de volver a casa o al laboratorio pues tenía que revelar negativos y reencuadrar instantes, en definitiva, revisar y editar el trabajo.

De hecho, en el momento de ese encuentro con la prensa el Premio Nacional de Fotografía continuaba seleccionando y ordenando su archivo personal formado por miles de negativos. Admitía que ya no salía a disparar por las calles. Sin embargo, nos había abierto las puertas de un mundo en blanco y negro que te atrapa terriblemente. Y sin tocar al timbre.

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