Misterio en la Torre Bellesguard

Si buscas un escenario con enigmas, leyendas, secretos y mucha historia, adéntrate en la Torre Bellesguard. La Casa Figueras de Gaudí te sorprenderá no sólo por sus formas, aquí encontrarás la clave para alimentar más de una intriga.

Por GerthMichael [CC-BY-SA-3.0]

Lo que nos lleva a abrir un libro es también lo que nos hace cruzar un umbral. Visitar la Casa Figueras de Antoni Gaudí, más conocida como Torre Bellesguard, es más que una cuestión de curiosidad. Como una buena historia de misterio, el edificio engancha des de la primera mirada y hay que rendirse a todos sus misterios.

Lo primero es atravesar el muro de piedra que separa el recinto de la finca de la calle Bellesguard, por donde pasaba una antigua vía romana. El pasado tiene algo enigmático. La pared es en realidad la muralla del antiguo castillo de Martí I l’Humà. Gaudí la reconstruyó junto a las otras ruinas medievales.

Leyendas y secretos

En este emplazamiento estratégico en la falda de Collserola, desde donde se divisa toda Barcelona –de aquí el nombre de Bellesguard–, el último monarca de la dinastía catalano-aragonesa hizo construir una fortaleza, donde dice la leyenda que, siglos más tarde, se ocultaría el bandolero Serrallonga, cuyos restos podrían estar emparedados en la construcción.

Muralla de la Torre Bellesguard, por Isabelle Grosjean [CC-BY-SA 3.0]

Seguro que el relato habría animado las charlas en el jardín de la familia Figueres, la que encargó el proyecto a Gaudí. Se sentarían en alguno de los dos bancos de mosaico con efecto acústico, donde uno puede hablar solo en un extremo del asiento y ser escuchado perfectamente en el otro. El conducto de drenaje de estos bancos elípticos hace posible cuchichear y conspirar con discreción. No hay quién se resista a los chismes.

Además, uno puede espiar quién llama a la puerta desde una balaustrada situada de manera estratégica en la escalera. Subir por ella es como avanzar en una trama fabulosa, encontrando objetos maravillosos, –aquí una lámpara de hierro forjado, allá una ventana con vistas magnéticas–, que se va estrechando para llevarnos al final más sorprendente. No nos adelantemos.

Banco de mosaico con efecto acústico, por Enfo [CC-BY-SA-3.0]

Un simbolismo particular

Sin embargo, lo que despierta más interrogantes son los símbolos empleados por el arquitecto modernista. Algunos aluden al imaginario gaudiniano, lleno de referencias religiosas, pero otros remiten a la historia de Bellesguard y al rey que murió sin descendencia.

En los bancos alrededor de la entrada hay un pez-mosaico con corona que evoca la época de Martí I l’Humàen la que “ningún pez podía surcar el Mediterráneo sin llevar la Corona de Aragón”. Barcos, soles e iniciales añaden más toques épicos que se suman a la interpretación de la arquitectura gótica ensayada por Gaudí en este edificio.  

La vidriera de colores con la llamada estrella de Venus llama la atención en una fachada llena de detalles narrativos. Esta figura de ocho puntas, motivo masón, se repite por todo el recinto sembrándolo de esoterismo. La mezcla con citas al cristianismo, el catalanismo y el mundo natural provoca perplejidad.

Pez de mosaico, por Enfo [CC-BY-SA-3.0]

La casa reptil

Las paredes de la Torre Bellesguard cambian de color. No hay que dar nada por sentadoEstán hechas de pizarra de la cercana Collserola y según brille más o menos el sol adquieren diferente tono. La técnica del mosaico se repite aquí con este material para crear un efecto acolchado, para darle escamas a una casa mutante.

Detalle de la estrella de Venus, por Letícia Castellsaguer [CC-BY-NC-SA]

En sus entrañas, un espacio desnudo, esquelético, la sala dels Maons. Sus muros son de ladrillo porque Gaudí se quedó sin presupuesto para revestirlos. Lo inacabado nos mete de lleno en el proceso creativo. Necesitamos pistas para completarlo. ¿Y si las marcas a lápiz del arquitecto tienen un significado oculto?

Escupidos en la terraza, los ojos van del pináculo que corona la obra a la panorámica de postal que nos rodea. En Bellesguard cada rincón esconde una historia y hay un ángulo que alberga un dragón. Ahí, está, inesperado, con ventanales como ojos y la torre como cola. Qué gran truco de ilusionismo.

Un edificio con vida

Puede que la Casa Figueras sea un poco animal, pero el soplo de vida se lo dan aquellos que la habitan, que también suscitan nuestra curiosidad. Durante la Guerra Civil fue un orfanato. Luego el oncólogo Lluís Guilera la compró para albergar un hospital y su hijo, también médico, la reconvirtió en una maternidad. Así que en Bellesguard nacieron cientos de personas y ya veis que nacen miles de relatos.

Hoy en día el edificio continua siendo propiedad de la familia Guilera, que ha decidido abrirlo en parte al público para costear su mantenimiento y dejar que todos nos asombremos con sus misterios.

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