‘La joven’: Crecer con Bresson

En La joven, la escritora y actriz Anne Wiazemsky explica cómo vivió el rodaje de Al azar de Baltasar, de Robert Bresson. Estamos ante un libro making off que dialoga con la película a propósito del hacerse mayor.

Portada de La joven

Da igual que una película sea sólo luz proyectada, que no haya nada tras la pantalla, que todo esté en nuestra cabeza, porque seguiremos pensando que aquellos que la han hecho nos abren las puertas de otro mundo.

Lejos de romper el hechizo, La joven (El Aleph Editores, 2008), de Anne Wiazemsky, expande el universo del film Al azar de Baltasar, de Robert Bresson.

La actriz y escritora explica la experiencia de su primer rodaje a las órdenes del director que unos años antes había emocionado con su verdad sobre El proceso de Juana de Arco.

En un juego de espejos, Anne Wiazemsky es Marie en la película de Bresson y es a la vez la joven que da título a la novela, que a su vez no puede dejar de ser Marie.

La afirmación que la escritora pone en boca del director al respecto es categórica:

«Anne es Marie, el personaje de mi película, porque ha aceptado seguir siendo ella misma. No añade ninguna intención, ni hace psicología, es simple y auténtica.»

Robert Bresson por un fotógrafo desconocido [CC-BY-SA-3.0]

Esa chica, que en el celuloide se expresa con las miradas y gestos que a veces el mismo Bresson coreografiaba, tiene voz propia en el libro, que se lee no sólo como testimonio para la historia del cine, sino ante todo, como novela de aprendizaje.

La película también admite una lectura en clave rito de paso hacia la edad adulta. En este punto vemos de nuevo cuánto se parecen Anne y Marie, dos muchachas que atraviesan episodios vitales que las cambiaran para siempre.  Es el caso de la extraña relación que estableció Wiazemsky con Bresson, no menos singular que la de Marie con el burro Baltasar:

«Me hablaba con una delicadeza infinita, me consideraba un ser maravilloso, dotado de unas cualidades que sólo él percibía. Aunque a menudo existía para alguien, sentí por primera vez que “existía” en el sentido primero y más importante de esa palabra perturbadora.»

El tránsito de las dos jóvenes hacia a una nueva etapa implica simbolismos y acciones rituales, como pasar a utilizar su cuerpo, dejar atrás afectos infantiles o permanecer fuera del hogar familiar, en territorio liminar.

Wiazemsky, también musa de Jean-Luc Godard –quién por cierto aparece en La joven–, nos guía por este proceso de desarrollo y al acabar la última página, nosotros también hemos cambiado.

Hablaba al principio que las películas crean universos, pero lo cierto es que hay historias, como Al azar de Baltasar, que son como un ritual, nos alejan por una hora y media de nuestra cotidianidad, y lo que  hacen es transformar nuestro mundo.

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