De la radio al papel

La radio nos ha contado un buen puñado de historias en forma de radionovelas o radioteatro. Si bien el género es residual, sus ingredientes pueden potenciar narraciones en otros soportes. No queda otra que sintonizar con la ficción radiofónica.

Por Howard Liberman [PD]

La época dorada de la ficción en la radio ya pasó. Lejos quedan los días en que radionovelas como Lo que nunca muere o Ama Rosa tenían a todo el mundo enganchado. La televisión mató al folletín radiofónico y el radioteatro viene agonizando desde entonces. De sus cenizas pueden nacer otros productos, que se nutran de la riqueza del lenguaje radiofónico.

Veamos algunos componentes de las dramatizaciones radiofónicas, ya que pueden ser útiles para la creación de otro tipo de contenidos. Todo, para que lo que escribamos emita buenas vibraciones.

Efectos de sonido

El fondo o sonido ambiente es esa maraña de sonidos algo alejada que vendría a ser el decorado o escenario y que nos recuerda lo importante que es crear una atmósfera en cualquier relato.

Los efectos de sonido son fácilmente identificables y no siempre están en el fondo. Portazos, taconeos, truenos, chasquidos, repiqueteos o latidos están en la lista. Si queremos despertar los sentidos del lector, no podemos olvidar los estímulos sonoros. Aparte de dar un toque realista, pueden aportar dramatismo.

Otro apunte sobre los efectos de sonido. En un principio se hacían en el estudio. Al arrugar papel de celofán se oye crepitar una hoguera. Es agitar una plancha de metal y se desencadena una tormenta. La inventiva de los primeros productores de radio, que con recursos sencillos conseguían grandes resultados, es un ejemplo a seguir.

La voz y las palabras

Es habitual que una ficción radiofónica cuente con un narrador, pero el poder del diálogo lo convierte en innecesario, porque con el simple intercambio de palabras podemos explicar la acción, caracterizar personajes, crear relaciones, introducir información clave o describir el espacio.

Pensar los diálogos de nuestros cuentos y relatos como si fueran de radio puede hacerlos más fértiles, ágiles y cercanos al registro oral. Eso sí, perderemos los matices de las voces.

Estas pueden sonar en prímerísimo primer plano, que crea la ilusión de oír un monólogo interior al acercarse al micrófono y susurrarle. El aspecto psicológico, saber cómo piensan los personajes, es algo a tener en cuenta.

La música y el silencio

Para recrear un espacio a menudo el radioteatro tira de la música, como mero colchón sonoro. Igualmente la encontramos en las cabeceras y otros distintivos pero su uso principal es transmitir emociones, algo fundamental también en la escritura. No podemos hacer que el papel suene, pero sí darle un ritmo a lo escrito.

El silencio es tan poderoso que nos daría para otra entrada en el blog. En la radio sirve para un montón de cosas, como provocar un efecto dramático, hacer una elipsis o simplemente separar elementos.

En este sentido, nos señala que es bueno ordenar y dosificar la información, generando una estructura o una trama. Además, el silencio nos invita a dejar vacíos que susciten la imaginación y curiosidad de quién nos lee.

De hecho, el silencio no sería nada sin considerar a los demás elementos, que se combinan para crear historias tan sugestivas y potentes como el clásico La guerra de los mundos, de Orson Welles. Para acabar, cierra los ojos y empieza a imaginar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s