Lugares que inspiran: Mete la nariz en Grasse

Con una idea poderosa en la maleta, la de que un texto funciona mejor cuando puede sentirse, nos dirigimos a Grasse, considerada la capital mundial de la perfumería. Inspiración, en dos de sus acepciones.

Al llegar, se hace difícil pensar que en la pequeña ciudad de Grasse, no demasiado lejos de la Costa Azul pero aislada de ésta por montañas de vegetación, lleven siglos dedicándose al embotellamiento de aromas; un arte igual de complicado que el de dar vida a un escrito.

En los dos casos se trata de escoger bien los estímulos que despertaran nuestros sentidos. En los alrededores de Grasse se cosechan diferentes tipos de flores, rosas, jazmines, nardos o violetas, gracias al microclima de la zona y a la “tierra grasa” que da nombre a la localidad. De la misma manera, al escribir, ya sea un diario de viaje o un cuento de ficción, hay que sembrar olores, así como sonidos, sabores o percepciones táctiles.

Un paseo por el centro histórico

Por Berthold Werner [CC-BY-SA]

El centro histórico carece del brillo plastificado de las postales. Poco importa la atmósfera desaliñada, las zapaterías de baratillo dejadas atrás, las tiendas de souvenirs de lavanda y la carnicería árabe atufando a cordero, porque bajando por las calles de la ciudad antigua en cualquier momento te pulverizan. Unos aspersores de perfume refrescan el ambiente en verano. Esta especie de atracción turística es excesiva. Como con todo, hay que controlar la cantidad, para no dejar hecho polvo ni al visitante ni al lector.

En la Place de la Poissonnerie, con poco que uno se esfuerce, puede encontrarse un hedor a pescado podrido que nos remite al nacimiento de Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista de El Perfume, que discurre en buena parte en Grasse. Es sólo la impresión de la piedra ennegrecida, de las paredes pastel desconchándose y los hierbajos que crecen en algunas grietas. Hace tiempo que los únicos mercados al aire libre que quedan ocupan las cercanas plazas Aux Aires y Aux Herbes, donde, por el nombre, uno cree respirar frescor y oler a campo. Sí, las palabras tienen un poder de sugestión tan grande, así como una sola novela, la de Patrick Süskind, tiñe todo lo que tiene que ver con Grasse.

El arte de fabricar un perfume

En Grasse pueden visitarse varias fábricas de perfumes, como Molinard, Galimard o Fragonard, que ofrecen la posibilidad de diseñar una fragancia propia. Además, está el Museo Internacional de la Perfumería, donde hay que ir con la nariz despejada porque nos propone un recorrido por las técnicas y la historia de la disciplina interactivo, o mejor dicho, olfativo.

Por Yuting Hsu [CC-BY-NC-SA]

Tras estas visitas, aprendemos que hay dos métodos principales para fabricar un perfume: el enfleurage y la destilación. El primero consiste en la absorción de la esencia de las flores por parte de una grasa inodora con la que se obtienen los aceites esenciales. En la destilación, el sistema más extendido, se retiene el aroma con vapor de agua.

Para hacer que un texto pueda olerse, tampoco hay un único procedimiento. Si bien suelen concentrarse los esfuerzos en las descripciones, los olores pueden ser objeto de un diálogo, ser un elemento importante de la trama (como una pista en una historia de misterio) o nos pueden servir para caracterizar un personaje.

Tras los pasos de Fragonard

Cuesta tanto deshacerse de una sensación olfativa, es mucho más fácil olvidar una imagen. Sin embargo, a pesar de que la capital de la Provenza oriental es todo efluvios, se nos queda en la retina el arte del pintor Jean-Honoré Fragonard, nacido en la población.

Autoretrato, por Jean-Honoré Fragonard [PD]

Se puede seguir la pista al artista rococó en la catedral de Notre-Dame du Puy, donde junto a la pintura Le lavement de pieds pueden verse obras de otros artistas como Rubens. Otra parada obligatoria es el Museo Fragonard, un espacio impulsado por la casa de perfumes que toma el nombre del autor de El columpio. Situado en un edificio del siglo XVIII, reúne una pequeña colección de pinturas y grabados.

Por último, no podemos dejar la ciudad sin visitar la Villa Museo Fragonard. La casa edificada en 1698 perteneció al primo del pintor, Alexandre Maubert, quién acogió a Fragonard durante el período del Terror de la Revolución Francesa. A cambio, éste le regaló los cuatro cuadros de Progrès de l’Amour dans le cœur d’une jeune fille, las copias de los cuales siguen decorando el salón. No obstante, pueden verse otras obras originales y también trabajos de los descendientes del artista.

El imaginario barroco de Fragonard, la experiencia olfativa de las perfumerías, las calles deslucidas del centro formando meandros, los campos de flores que se intuyen a las afueras, todo se armoniza en Grasse. Y así debe ser también en cualquier texto. Al acabar el viaje, nos damos cuenta de que los olores son poderosos, difíciles de disipar y evocadores hasta lo impensable. Úsalos para generar sensaciones y llegar a emocionar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s