Por qué hay que volver sobre lo escrito

Una balada nos susurra “tú siempre vuelves” y ese es, ni más ni menos, el espíritu ante la escritura. Analizamos por qué ponerse en la piel de un amante reincidente es lo mejor para tus textos.
‘Lettura al fresco’, por Federico Zandomeneghi [PD]

Hay canciones que al reescucharlas provocan emociones diferentes. El fenómeno es idéntico al revisitar cualquier relato. O cuando nos encontramos a la persona amada. Lo mismo ocurre con lo que uno escribe.

Si bien no se pueden controlar los múltiples contextos de lectura, sí que se puede tener la última palabra sobre el resultado final del proceso de escritura. No sabemos lo que el otro siente, pero tenemos que saber lo que sentimos nosotros.

A menudo se aconseja dejar reposar lo escrito, como quien decide no llamar a la chica que le gusta hasta que haya pasado al menos una semana. Luego la cosa se retoma con distancia y nuevos ojos.

Enfrentarse de nuevo a las líneas que, con seguridad, han costado sudores articular puede ser doloroso, pero no por eso no hay que dejar de volver.

Son varias las razones por las que mirar atrás:

  • Enmendar errores. No podemos cambiar a la persona que queremos pero sí cualquier texto que hayamos esbozado. Volver nos da otra oportunidad; para rectificar, corregir y subsanar equivocaciones.
  • Deshacer malentendidos. No saber si fue una caricia o un roce por accidente es para volverse loco. Imagínate lo que ocurre con palabras, sintagmas y frases que pueden tener más de un significado. Volver nos permite pensar en qué queremos decir, si lo decimos con las palabras más adecuadas y poner fin a ambigüedades.
  • Comprobar intuiciones. De la misma manera que uno vuelve a ese bar donde la vio por primera vez, se regresa al borrador. No sólo se trata de ver las cosas con otra luz, sino de asegurar que el material que tenemos delante funciona, que los sentidos no nos engañaron y que sí, esas frases enamoran.
  • Quedarse con lo esencial. No importan las flores, importa el gesto de regalarlas. Al redactar, se tiende a escribir demasiado, creando frases, párrafos y episodios superfluos, por lo que es necesario pararse a editar el texto para deshacerse de lo que sobra.
  • Propiciar reencuentros ardientes. Después de un tiempo lejos, no hay nada como juntarse otra vez. Releer nos ayuda a encontrar hilos que estirar para hacer avanzar la trama, ya sean personajes secundarios que pueden convertirse en principales o sucesos sin mucha importancia que pueden ser determinantes más adelante. Es un buen ejercicio para estimular la creatividad.

Las veces que uno regrese a lo escrito, no importan; uno nunca se cansa de estar con quien le gusta. Si tenemos un plazo determinado para entregar el texto, habrá que trabajar a buen ritmo y por lo menos revisarlo una vez. Que menos que una buena despedida. No se trata de una perdida de tiempo porque volver es de lo más fructífero.

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