La libreta de Sean Nicholas Savage

Por Sebastianblake [CC-BY-SA-3.0]

Esta crónica está al revés. En una reja de la calle Ferran hay un ramo de flores secas. Pone “no olvidaremos”. Como no vamos a olvidar el concierto que Sean Nicholas Savage acaba de dar en Barcelona. Para anotar en una libreta como la que el cantante sacó en plena actuación.

Hay algo en esas flores amarillentas difuminadas en el azul noche que remite al imaginario del compositor canadiense, hiriente como la cercana callejuela del Vidre.

La gente se para fuera a hablar todo lo que ha callado dentro. Salir del Sidecar es ceremonioso y lento. Por momentos nadie es capaz de moverse o quizá es que nadie quiere. Muchos se quedarían en la sala oscura apurando un poco más, como si pudieran dar una última calada al cigarrillo con el que Sean Nicholas Savage ha vuelto al escenario para interpretar los bises.

Resuenan los últimos compases de “Chin Chin, un beso de despedida. “I’ll be kissing you again” repite el estribillo de una canción que en directo suena menos alegre.

A estas alturas de concierto, poco importa que el autor de Other Life (Arbutus Records, 2013) se haya vuelto a quitar una cazadora tejana tres tallas más grande de lo necesario o que haya dejado ver un triángulo blanquísimo de carne por el escote de la camisa. Porque ya se ha desnudado.

La segunda vez que saca su cuaderno tamaño bolsillo es para leer con voz contenida un poema erótico-patético que esboza sonrisas a cada rima. Con un poco de ritmo chachachá tendría un tema más para su repertorio de composiciones domésticas.

La libreta azul aparece antes, entre dos canciones. En ella Sean Nicholas Savage ha anotado las peripecias surrealistas de un sueño que comparte, sin demasiada timidez, con la audiencia apiñada. Esas hojas de papel deben de contenerlo todo. Las frases que el antidivo interpreta subiendo el tono de voz con una mueca afectada acompañada del baile de sus extremidades superiores. Los estribillos que declaran un amor sobrehumano. “I always love you, more than I love myself”.

Quizá en la libreta está también la mirada azul vacía y perdida de unos ojos que parecen no tener párpados y que, sin embargo, hipnotizan. Algo nos está cambiando. Suena “You changed me”.

Es imposible no moverse al vaivén de las melodías soul que llenan el espacio subterráneo, ejecutadas con solvencia por la banda que acompaña al responsable de Mutual Feelings of Respect and Admiration (Arbutus Records, 2010). Las parejas se mecen al unísono haciendo que las baladas de desafecto sean aún más tristes.

Cada palabra cantada interpela. Podríamos ser la chica de “Lonely Woman”. Desde el primer tema en sonar, “She looks like you”. Vivir otra vida, convertirnos en un personaje garabateado, sacado de la misma cabeza que choca con el dintel de la puerta de salida al escenario. Hacer que el público deje de murmurar si el músico al que han venido a ver se parece a John Waters.

Sean Nicholas Savage no es el único en cantar al desamor. La noche empieza con Elsa de Alfonso y Los Prestigios llevándonos mar adentro en algo que suena como una tormenta. Presagios. Un cartel que pone “Entradas Agotadas”. Se intuye un concierto que habrá que registrar. Libretas, a mano.

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